Relato erótico de una Noche en la cabaña

Hoy estamos a mediados de diciembre y fuera hace muchísimo frío después de las nevadas de estos días. Ya hace unas cuantas horas que anocheció y yo estoy delante de la chimenea del salón de la cabaña. A mi lado puedo ver una figura que se acerca a mi lado, la observo y se acerca con una botella de champan, dos copas y un cuenco con fresas, mientras ella esta enrollada en una manta suave y morada.  Se encuentran nuestras miradas que son intensas y apasionadas, nuestros ojos brillantes, pupilas dilatadas, leo su mirada, es esa que dice quiero estar contigo, besandonos y acariciandonos todo el cuerpo, sentirnos piel con piel, sentir como la temperatura sube y esa excitación que tanto ansiamos en nuestra noche en la casa de la cabaña.

relato erótico en la cabaña

Me acerco a ella y voy directamente a besar esos labios que tanto me gustan saborearlos y morderlos. Los beso suavemente, poco a poco nuestros besos se intensifican y son más apasionados, nuestras lenguas se encuentran, juegan y se enredan, a la vez le acaricio la cara,  su mejilla, por el cuello, sus hombros, le quito la manta en la que esta enredada y puedo ver que no lleva tanta ropa a pesar del frío que hace, esto me hace pensar que será más fácil desnudarla y contemplar todo su cuerpo y su piel. Empezamos a desnudarnos uno al otro mientras seguimos besándonos, cuando los dos estamos sin ropa la atraigo aún más a mi y se sienta en mis piernas.

Con frutas en la casa de la cabaña

Alcanzo el cuenco de las fresas que teníamos ya por olvidadas y cojo una, mientras ella rellena las copas de champan.  Muerdo la fresa y seguidamente, le paso  la fresa por los labios suavemente, muerde la fresa y por su comisura baja unas gotas del jugo que los recojo con mis labios, continuo por su cuello dejando un rastro que a la vez voy saboreando, sigo bajando hasta llegar a sus pechos que son perfectos….

Mientras jugamos a saborear la fresa, de fondo está una  música suave, lenta y relajante, las velas aromáticas y el fuego de la chimenea calentando nuestros cuerpos en la casa de la cabaña

Yo sigo con la fresa, la paso por sus pechos y por sus pezones, y seguidamente hago el mismo recorrido besando el jugo de la fresa por sus senos perfectos y sus pezones ya duros. Ella se tumba en la alfombra yo sigo con la fresa en la boca, continuo bajando hasta el ombligo, me paro, nuestras miradas se vuelven a encontrar, están llenos de deseo. Ahora cojo la copa de champan bebo y voy derramando el liquido dorado por todo su cuerpo, ella se estremece del frió, aprovecho para besarla de nuevo, dejo que el líquido pase de mi boca a la suya, nuestro beso humedo, apasionado, y sensual sabe a champan.

Noto todo el calor y huele a su perfume, nuestros pechos se juntan, sus pezones rozan mi pecho, me come a besos y  su boca recorre toda mi piel, mi excitación empieza a incrementarse con los segundos.  Mi lengua recorre su piel, le hago cosquillas, veo como se ríe, continuo bajando con mi lengua traviesa hasta llegar a mi próximo objetivo. Llego a su pubis y sigo hacia abajo. Mi lengua se desliza por el interior de su muslo y se estremece de nuevo. Llego a su parte intima y noto su humedad. Se deja hacer mientras le abro más las piernas. Me introduzco en ella. Le lamo y lo saboreo. Mi lengua juega con su clítoris. Gime porque sé que lo esta disfrutando. La punta de mi lengua pasa sobre él repetidas veces y deprisa. Rápido. Jadea.  Se agarra como puede a la alfombra y a los cojines arqueando su cuerpo en la casa de la cabaña.

Penetración en la casa de la cabaña

De repente me paro e introduzco mi pene en su vagina, voy suavemente sacándolo y metiendola, veo como lo disfruta. Me encanta oír sus gemidos… La miro y desde mi perspectiva veo a una mujer que goza y tiembla de placer. Veo su pecho agitado subir y bajar. Sus pezones erizados, mientras mis embestidas van a más velocidad. Está a punto. Lo sé. Yo estoy también estoy igual que ella. Ella ya no puede más y se deja ir, veo como disfruta ese momento y yo seguidamente  término dentro de ella. Los dos estamos disfrutando de este placer, de este momento. Los dos acabamos satisfechos y sonrientes de la casa de la cabaña, donde más de una vez repetiremos.