Relato erótico: El profesor y la alumna

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Soy profesor de universidad y a mis 34 años no me había pasado nada igual en toda mi carrera como profesor. Ya había puesto mis ojos en una de mis alumnas, una chica inteligente, morena con pelo largo, ojos verdes esmeralda, y un cuerpo que quitaba el hipo cada vez que iba con minifaldas y camisas con botones desabrochados a la altura de sus pechos. Hasta que un día no pude más. En medio de una de mis clases le dije que en su último examen había sido un poco desastre, así que después de que terminara la clase que se dirigiera a mi despacho para repasar el examen y los errores.

Esperando en mi despacho sonó la puerta y al abrir era la alumna, yo cerré la puerta echando el pestillo para que nadie nos pudiera interrumpir. Se sentó en el asiento y relajadamente cambio de postura cruzando las piernas y suviendose la minifalda que llevaba hasta que dejo ver sus muslos. Yo seguía hablando de los estudios, dando vueltas a su alrededor hasta que al final decidí ponerme delante de ella apoyado en la mesa.

La alumna empezó a chuparse un dedo de manera erótica y excitante, así que le solté que si le gustaba los tipos maduros como yo y ella seguidamente respondió con un sí.

el profesor y la alumna

Empieza la acción entre el Profesor y la alumna

Después de la respuesta, los dos excitados, la alumna se desabrochó su camisa dejando lentamente y yo el profesor empecé a bajarme la cremallera del pantalón para dejar que mi miembro saliera, así que ella con una actitud más agresiva me agarro de manera suave el pene y se lo llevo a la boca acariciando con su lengua como si se tratara de un helado. 

Después de un rato así, la alumna se apoyo con sus manos en mi escritorio y los dos con ganas de más, me puse detrás de ella y poco a poco fui introduciendo mi miembro en su vagina, mientras ella jadeaba sonidos de placer, yo estruje sus pechos con mis dos manos y retorciendo sus pezones ya duros.

Los dos finalmente nos dejamos ir, y conté que fueron dos orgasmos por parte de ella, así con una sonrisa picara le di un beso en los labios, mientras me separaba de ella.

Después de vestirnos, mi alumna se acerco a la puerta para salir, pero antes de marcharse con una sonrisa en sus bellos labios, dijo que  había que volver a repetir y se marchó.